América Latina ha experimentado una transformación significativa en su sector energético durante la última década, convirtiéndose en una de las regiones más dinámicas del mundo en el desarrollo de energías renovables. Gracias a su abundancia de recursos solares, eólicos, hidroeléctricos y geotérmicos, la región ha logrado avanzar hacia sistemas energéticos más limpios y sostenibles. Datos de la Agencia Internacional de Energía (IEA), el Banco Mundial y la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) muestran tendencias destacadas en la producción de energía renovable entre 2015 y 2024.
En 2015, las energías renovables representaban aproximadamente el 52% de la generación total de electricidad en América Latina, ya muy por encima del promedio mundial del 23%. Para 2024, esta cifra aumentó al 61%, situando a la región como líder global en adopción de energías limpias. Este crecimiento ha sido impulsado por políticas energéticas sólidas, inversiones privadas y mejoras tecnológicas que han reducido considerablemente los costos de producción.
Brasil continúa siendo el mercado energético más grande de la región, dependiendo en gran medida de la energía hidroeléctrica, que aporta más del 65% de su electricidad. Sin embargo, el país también ha mostrado un crecimiento notable en energía eólica —más del 300% desde 2015— especialmente en el noreste. Chile, por su parte, se ha convertido en un referente mundial en energía solar debido al Desierto de Atacama, una de las zonas más soleadas del planeta. Entre 2015 y 2024, su capacidad solar instalada se multiplicó por siete, superando los 13 GW.
En Argentina, la energía eólica ha crecido más del 25% anual desde 2018, impulsada por grandes proyectos en la Patagonia. En América Central, Costa Rica destaca por generar casi el 98% de su electricidad a partir de fuentes renovables, combinando hidroenergía, viento, geotermia y biomasa.
La inversión también ha sido un motor clave. Entre 2020 y 2024, América Latina atrajo más de 70 mil millones de dólares en proyectos de energía limpia. Estas inversiones han modernizado infraestructuras, ampliado redes eléctricas y fomentado la creación de aproximadamente 1.3 millones de empleos directos en la última década.
A pesar de los logros, persisten desafíos. Algunas naciones enfrentan redes eléctricas obsoletas que limitan la integración de energías renovables. Además, las sequías estacionales —agravadas por el cambio climático— han puesto en riesgo la estabilidad de los países dependientes de la energía hidráulica. Por ello, muchos gobiernos están diversificando su matriz energética hacia la solar y la eólica.
Una de las oportunidades más prometedoras es el hidrógeno verde, donde Chile lidera la región con el objetivo de convertirse en un exportador mundial para 2030. Se estima que América Latina podría atraer 90 mil millones de dólares en inversiones para este sector en los próximos cinco años.
En conclusión, la transición energética en América Latina entre 2015 y 2024 refleja un compromiso claro con la sostenibilidad y la seguridad energética. Con más inversiones, innovación y políticas efectivas, la región está bien posicionada para consolidarse como líder global en energías limpias.