Nicaragua tiene una historia marcada por conflictos internos e intervenciones extranjeras. Durante la época colonial, bajo el gobierno de Pedrarias Dávila, la población indígena sufrió una explotación brutal. En 1544, Nicaragua fue anexada a la Capitanía General de Guatemala. Aunque experimentó cierta prosperidad, sus costas fueron atacadas por piratas como Francis Drake. En el siglo XVIII, los británicos fortalecieron su influencia en la Costa de Mosquitos, que permaneció bajo su control hasta 1860.
El movimiento independentista comenzó en 1811 en las ciudades de León, Granada y Rivas. Nicaragua declaró su independencia de España en 1821 y se unió brevemente al Imperio Mexicano antes de formar parte de las Provincias Unidas de Centroamérica. En 1838, se proclamó república independiente. Sin embargo, persistieron los conflictos entre liberales y conservadores. En 1855, William Walker, con apoyo liberal, tomó el poder, pero fue derrocado y expulsado en 1857.
En la segunda mitad del siglo XIX, Nicaragua se estabilizó bajo el gobierno conservador durante el período de los "Treinta Años" (1858–1893). Esta etapa vio un gran desarrollo en infraestructura, como la construcción de ferrocarriles, puertos y redes de comunicación. Culturalmente, se fundó la Biblioteca Nacional en 1882, se promovió la educación pública y se implementaron reformas legales. Esta época terminó con la revolución liberal de 1893, que llevó al poder a José Santos Zelaya. Zelaya gobernó durante 16 años e impulsó reformas, pero fue derrocado en 1909 con ayuda de EE.UU., que inició una intervención directa en el país.
En 1933, tras la retirada de las tropas estadounidenses, Anastasio Somoza García asumió el mando de la Guardia Nacional y en 1937 se convirtió en presidente, estableciendo una dictadura familiar que duró más de 40 años. Durante este período, Nicaragua se unió a organizaciones internacionales como la ONU y la OEA, pero enfrentó rebeliones internas. En 1956, Somoza García fue asesinado y sucedido por su hijo, Luis Somoza Debayle. En 1967, Anastasio Somoza Debayle asumió el poder, manteniendo un régimen autoritario respaldado por la Guardia Nacional. Tras un terremoto devastador en Managua en 1972, Somoza consolidó su poder, pero la oposición creció.
La Revolución Sandinista estalló en 1978 tras el asesinato del periodista opositor Pedro Joaquín Chamorro, llevando a una guerra civil liderada por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), fundado en 1962 en honor a Augusto Sandino. En 1979, Somoza huyó del país y los sandinistas formaron un Gobierno de Reconstrucción Nacional. Intentaron reactivar la economía con reformas agrarias y nacionalizaciones bancarias, pero enfrentaron fuerte oposición de EE.UU., que impuso un bloqueo económico y apoyó a grupos armados opositores, generando un nuevo conflicto interno.
En 1984, Daniel Ortega, líder del FSLN, ganó las elecciones presidenciales, pero el país siguió en crisis. En 1988, comenzó un proceso de paz que culminó en un acuerdo en 1989 para desarmar a la oposición y realizar elecciones libres.
En 1990, Violeta Barrios de Chamorro ganó las elecciones, sucediendo a Ortega. Su gobierno se centró en la reconstrucción, desarme de rebeldes, reducción del ejército y reformas económicas, pero el crecimiento económico se estancó y el desempleo aumentó. En 1993, la crisis política se agravó con el secuestro de 38 personas por la oposición, y los sandinistas respondieron secuestrando al vicepresidente. Humberto Ortega, jefe de las fuerzas armadas, renunció en 1995.
En 1996, Arnoldo Alemán ganó la presidencia, marcando un giro hacia un gobierno liberal. En 2001, Enrique Bolaños fue elegido presidente, consolidando la transición democrática del país.